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¡VIVAN LOS NIÑOS!  
Para que los niños tengan vida en abundancia



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 Euler Arley Hernández Arguello
1979 - 2001


 

Damos gracias a Dios por la vida de Euler Arley Hernández Arguello, el primer alumno de la Fundación ¡Vivan Los Niños! y el amado hijo mayor de su Fundador.

Arley nació en Fundación (Magdalena) el día 23 de julio de 1979. Pasó una niñez llena de problemas y sufrimientos, los cuales le llevaron a  abandonar su hogar a muy temprana edad. En febrero de 1995, luego de mucho tiempo en la calle, decidió ir a Medellín en búsqueda de una vida mejor. Pocos días después de su llegada, empezó a conocer al Padre Peter en las calles de la ciudad. Arley era el primer muchacho a quien el Padre animó y acompañó en todo su proceso de salir de la calle y a entrar en el internado de Ciudad Don Bosco. Se manifestó como el mismo arquetipo de los menores de la calle, con todos los valores y todos los problemas de ellos, pero con un gran deseo de superarse y unas calidades personales excepcionales.

Siendo Arley todavía un muchacho de la calle, el Padre Peter le invitó a representar a su familia en su ordenación al diaconado católico en la  Parroquia de Nuestra Señora de Lourdes el día 24 de junio de 1995. En la ceremonia Arley se encontró sentado en el puesto de honor en la primera banca, y fue él quien presentó las ofrendas al nuevo diacono. Además participó en la misma calidad de padrino con los papás del Padre Peter en su ordenación al sacerdocio católico en el Seminario Conciliar de Medellín el día 16 de septiembre de 1995. Fue específicamente por medio de la persona de Arley que dediqué mi ministerio al servicio de los niños de la calle, afirmó el Padre Peter.

Cuando Arley entró en el internando de Ciudad Don Bosco no tenía familiares en Medellín que le hospedaran los fines de semana, y por lo tanto el Padre Peter aceptó el papel de su acudiente. Luego le acompañó a la ciudad de Arauca en búsqueda de su familia y su Registro Civil, y fue apoderado por su mamá como su Tutor. Terminada su educación primaria, Arley se retiró de Ciudad Don Bosco y se confió completamente a nuestro programa.

Arley no se contentó gozar él solo de los beneficios de la Fundación sino que quería compartir su buena fortuna con sus amigos, tales como Juan Guillermo Rodríguez, y con sus familiares, tales como su hermano Jonatan.

Siempre se preocupaba por el bienestar de los niños y de la gente de la calle. Tristemente, los traumas de su niñez le causaron muchas dificultades emocionales y comportamentales. Con el Padre Peter y el equipo educativo de la Fundación Arley pasó muchos momentos muy difíciles. No obstante, el Padre nunca dejó de creer en las buenas calidades de su hijo.

Después de muchas pruebas, Arley vino a entender que en el Padre Peter él había encontrado un padre verdadero; y de igual manera el Padre Peter reconoció a Arley como un hijo muy amado. En realidad nosotros somos un dúo que ha sobrevivido muchas mareas muy altas, escribió Arley.  Somos unos de los mejores amigos que puedan habitar en este mundo. 

Sé que nuestra amistad es la mejor de las mejores.

Arley visitó la Gran Bretaña en 1996 y 1998, acompañando al Padre Peter en sus charlas en parroquias, escuelas y colegios para promover el trabajo de la Fundación. Hizo dos peregrinaciones al santuario de Nuestra Señora de Walsingham, su santa Patrona. Durante su segunda viaje tomó unos días de descanso con una gran amiga de la Fundación, la Señorita Pauline Allen, para ir a esquiar en Escocia como invitado del Club Rotario del Valle del Spey. Arley era un embajador excelente tanto para la Fundación como para Colombia, confirmó el Padre Peter. Ganó muchos amigos para ambas con su encanto, amabilidad, inteligencia y humor.

Arley tenía un corazón muy romántico y a él le fascinaba la música. Una canción favorita de él contiene las siguientes palabras de Alberto Plazas:

Yo no puedo ser perfecto, tengo miles de defectos,
tengo lagrimas, tengo corazón.
Si me pides que mejore mis fracasos, mis errores,
dame tiempo para ver si puedo andar.
Y yo te seguiré donde vayas tu
y me quedaré a tu lado.

El hecho de que estas palabras eran tan significativas para él revela algunas de sus propias calidades especiales: su humildad, su deseo de superarse, su optimismo y su lealtad.

En agosto del 2001 Arley empezó una vida nueva en Arauca al lado de su mamá Lucila y de su hermanito José, mientras continuaba en estrecho contacto con la Fundación. Las semillas sembradas empezaron a brotar claramente. Siguió estudiando, logró emplearse en el Hotel Santa Barbara y empezó a apoyar económicamente a su familia. Tenía considerables talentos artísticos y ganó dinero para la Fundación por la venta de sus tarjetas y manillas.

Arley vivía de manera muy intensa, decía el Padre Peter. Tenía la habilidad de disfrutar cada experiencia buena hasta lo máximo. Creo que en los 22 años cortos de su vida logró a vivir más que la mayoría de las personas quienes alcanzan a existir hasta los 82 años.

Trágicamente, esta vida tan llena de ilusiones y potencialidades fue terminada muy brutalmente el día 3 de noviembre del 2001 cuando Arley fue asesinado de manera totalmente absurda. Calló como victima inocente de la violencia social por la cual Colombia se encuentra afligida. Sus restos mortales fueron traslados a Medellín y el Padre Peter presidio su funeral en la Parroquia de San Esteban Protomártir, el templo en donde estaba acostumbrado a asistir a la Santa Misa los domingos.

En su homilía el Padre Benicio Enrique Montes recontó la parábola del Señor que trata de una perla de gran valor para la compra de la cual un mercader vende todo lo que tiene (Mt 13, 45-46). Explicó que todo lo que la Fundación había invertido en el proceso de Arley fue ampliamente justificado porque en verdad Arley era como tal perla. Alcanzó a vivir plenamente su vocación de hijo, hermano y amigo. La ceremonia terminó con un fuerte y prolongado aplauso para el joven fallecido. 

Estamos muy orgullosos de Arley, el Padre Peter declaró. A pesar de todas las dificultades, él había superado su pasado y había logrado efectuar, por la gracia de Dios, un cambio profundo en su vida. Su historia debe brillar como un faro de esperanza para todos los muchachos de la calle.

Lamentando profundamente la muerte injusta y prematura de nuestro querido hermano y amigo Euler Arley, la Fundación entera condena vehemente el abominable crimen de su homicidio y exige su investigación y aclaración. Nos comprometemos a seguir luchando incansablemente para la creación de una cultura de vida en Colombia que permitirá que los niños, niñas y jóvenes tengan vida y la tengan en abundancia.

Que Nuestra Señora de Walsingham interceda por Arley, y que Dios le conceda vivir la perenne juventud de su bienaventuranza.

 

 

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