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Detrás de cada niño hay una historia que duele, que angustia y que responsabiliza a los adultos
 
POR CULPA DE LA GUERRA
Alejandro Uribe Tirado, Comunicador Social-Periodista  U. de A.

Con sus 15 bolsas de docenas de limones a sus espaldas, Liliana, Glenedis y Sandra caminan de arriba a bajo por una de las calles del centro de la ciudad ofreciendo a todas las personas sus frutas cítricas por $1.000 

A pesar de su corta edad, 8, 10 y 13 años, ya son unas vendedoras experimentadas, por lo que si es un día bueno y trabajan más de seis horas, pueden recoger más de ocho mil pesos, lo cual es un aporte importante para la comida de su casa. 

La historia del por qué estás niñas tan pequeñas están obligadas a trabajar y así permanecer gran parte del día rodeadas de peligros como: el tráfico vehicular, hombres alcohólicos y drogadictos, ladrones y mujeres prostituídas; es una historia de guerra, una guerra que desde hace más de cuarenta años azota a Colombia y la cual en la última década, se ha recrudecido llegando a límites y actos de locura.

"En nuestra casa somos cinco hijos, mi papá y mi mamá. Nosotros nacimos en Apartado, Urabá"  —una región de Colombia ubicada en el mar Caribe desde donde se exporta la mayoría del banano que se consume en USA y Europa—.  Allí teníamos una finca donde mi papá cultivaba banano, maíz y plátano. Era una finca grande donde uno se amañaba mucho porque le ayudábamos a nuestros padres después que veníamos de la escuela, y como  terminábamos temprano, teníamos siempre el resto del día para jugar entre nosotras o con los niños de las fincas vecinas.

Además ibamos de paseo los fines de semana al mar, que estaba a pocos kilómetros. !Allá la vida era muy buena! Sin embargo, hace como tres años la guerra entre la guerrilla, el ejercito y los paramilitares comenzó a llegar a donde nosotros vivíamos.

Cuando eso empezó, todo se puso muy peligroso, porque ellos podían hacerle a uno lo que quisieran, no podía uno ir a jugar como antes lo hacíamos, ni tampoco podíamos ir a estudiar porque la vereda donde quedaba la escuela estaba dominada por la guerrilla y en la que nosotros vivíamos estaban los paramilitares. Las cosas eran peligrosas, pero uno se aguantaba, hasta que un día mi papá tuvo un problema con un vecino que empezó a molestar a mi hermana mayor, que tiene 16 años, y éste por vengarse de él, le dijo a los paramilitares que mi papá les colaboraba a los guerrilleros.

Los paramilitares entonces fueron a mi casa a interrogar a mi papá. Mi papá les explicó lo qué verdaderamente pasaba y ellos se calmaron. Pero el señor que le tenía rabia siguió diciéndole cosas en contra de nosotros, por lo que ellos una noche llegaron a la casa y le dijeron a mi papá que se tenía que ir. Mi papá no quería hacerles caso porque él decía: "que eso no era verdad y que nada les debía ". Pero dos días después un amigo de la casa, que tenía trato con los paramilitares, fue y le dijo a mi papá que las amenazas sí eran de verdad y, que si no se iba, lo matarían. Esa noche nos tocó empacar todo lo que podíamos y a la madrugada salimos a la carretera y tomamos el bus que se dirigía hacia Medellín, con el fin de llegar a la casa de la mamá de mi mamá. 

Cuando llegamos aquí, fue muy duro, porque en la casa de mi abuelita eran muchos, por lo que era muy estrecho, además en la finca nosotros siempre teníamos la comida segura mientras que aquí no. Un vecino le ayudó a mi papá con un plante y así él comenzó a trabajar aquí en el centro. Como nosotros no teníamos cupo para el estudio porque habíamos llegado a mitad del año escolar, también nos tocó comenzar a trabajar para ayudarle a mi papá. Pasaron uno meses y a mi papá le empezó a ir mejor por lo que los siete nos fuimos a vivir a una casa alquilada.

Trabajamos todo ese tiempo hasta que hace como un año los profesores de la Fundación !Vivan los Niños! comenzaron a ir donde nosotros trabajábamos, por lo que empezamos a trabajar menos. Luego, gracias a la ayuda de la Fundación, pudimos ingresar a la escuela. Ahora las tres estudiamos y ya no trabajamos tanto. Nosotras deseamos seguir estudiando y si Dios quiere, algún día queremos ser secretarias o médicas, y así cuando la guerra se termine, poder volver a Urabá a trabajar".

Habían pasado 30 minutos de narración, de esta historia de guerra y lucha por la vida, cuando su papá las llamó porque tenían que seguir trabajando, para así no tenerse que ir por la noche muy tarde, ya que ellas tenían que llegar a hacer las tareas de la escuela para mañana por la mañana.

 

 

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Actualización: Marzo / 2002 - Visualización: Internet Explorer / 800x600 pixeles / Fuente mediana - Web Master: Alejandro Uribe Tirado
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